“Desde muy pequeña aprendí la historia de la princesa que encuentra a su príncipe azul. La delicada y bella joven de ojos azules (…). Sin embargo, cuando yo salía a la calle veía a mujeres de ojos color café, manos curtidas y cuerpos frondosos (…) La otra gran diferencia con la historia que me contaron de niña es que a su lado no tenían a ningún príncipe azul”.



